Unas buenas personas, vamos a llamarlas Sofía y Fobo, me han preguntado, con mucho apuro y con mucho cariño, si por mezclar, “esas cosas de la nueva era” con mi confesión cristiana, me estaba desviando del camino y restando importancia a la verdadera doctrina. Les he agradecido mucho a Sofía y  Fobo su preocupación por mí; su inquietud y la oportunidad que me han regalado para exponer qué es el mindfulness, cuál es mi visión; cómo lo vivo y cuál es mi propuesta.

Lo que más me impacta del mindfulness es el propio nombre, Atención Plena. Soy Hiperactivo con Déficit de Atención (TDAH) lo que significa que he tenido que hacer un esfuerzo consciente, un trabajo disciplinado, para ir venciendo las dificultades de aprendizaje, etc., que este trastorno conlleva. Desde esta posición, puedo decir que todo lo que he descubierto, todas las técnicas que he ido practicando, con perseverancia y mucho trabajo personal, así como algunas claves que la Atención Plena promulga, me han servido para mejorar notablemente mi rendimiento personal y para saborear, contemplar, escuchar, disfrutar los aromas y el tacto de todo lo que la vida me regala y me plantea.

En mi vida es muy importante mi experiencia de fe en todas sus dimensiones. La Atención Plena me ha ayudado a SER cristiano. En esta disciplica se habla de pasar del modo hacer al modo ser. No es lo mismo ir a cumplir con un rito que vivir la grandeza de un misterio que nos trasciende, que nos cuestiona y nos encamina a  SER personas que aman,  a ser CONSCIENTES de que queremos un mundo mejor en el que relacionamos de una forma cada vez más plena, limpia y gustosa con Dios y con el prójimo. Como tal, nos encontramos con una propuesta para revisar nuestro aprendizaje; para revisar nuestra forma de estar en el mundo y nuestra forma de vivir cada momento, aquí y ahora; para que pasado y futuro tengan un peso que nos equilibre viviendo la fe como un cristiano comprometido con los valores evangélicos, desde la misericordia, sin juicios condenatorios, desde el amor a Dios, a mí mismo (autoestima, como Dios me ama) y a los demás.

Amiga, amigo, creo que os he respondido; pero, me gustaría dejar muy claro que mi forma de celebrar, de orar, de vivir… no se ha transformado en una fusión mística muy extraña de cristianismo y tendencias orientales. Sigo celebrando los sacramentos de la misma manera, sigo orando como oraba. Lo que he encontrado son “herramientas” para vivirlo de una forma más consciente y más plena, como decía más arriba. Además, sub sole nihil novi est, bajo el sol no hay nada nuevo, la contemplación ignaciana también va por aquí en cierto modo, orar con los cinco sentidos que están íntimamente relacionados con lo espiritual. Hablaremos más detenidamente de todo esto.

Creo que lo importante es ser valiente y crecer, dejarse transformar, convertirse cada día. Amigos ¿os habéis planteado esta conversión? Pues nuestra doctrina sí la plantea; ¿os habéis planteado no juzgar? El Evangelio lo pide, ¿Cómo perdonar al enemigo?¿cómo vives las situaciones de conflicto?¿Cómo vivir más plenamente la eucaristía?¿Cómo oras y vives tu oración?¿Cuáles son los frutos? Podemos continuar con mil interrogantes; ¿Cuáles son las preguntas que te has hecho y qué determinaciones has tomado?

Nos comenta el padre del Mindfulness que: «Así pues, la atención plena no va a entrar en conflicto con ninguna creencia o tradición —ya sea religiosa o científica, por decir algo— ni va a intentar vendernos nada, y mucho menos un nuevo sistema de creencias o ideología. Es simplemente una forma práctica de estar más en contacto con la plenitud de nuestro ser por medio de un proceso sistemático de autoobservación, de autoindagación y de acción atenta. No hay nada de frío, analítico o insensible en ella. En general la práctica de la atención plena se caracteriza por la amabilidad y la capacidad de apreciar, así como por ser fuente de nutrición. De hecho, también se la podría llamar corazón pleno.»Jon-Kabat Zinn, Mindfulness en la vida cotidiana.

Queda claro, la Atención Plena es una forma de crecimiento. Yo sólo veo un gran peligro, dejarse guiar por la inseguridad y el miedo; a veces, podemos hablar de doctrina pero conocerla poco: podemos hacer oración y vivirla tan poco que tenemos miedo de que dañen o enturbien nuestros conocimientos y experiencia orante; miedo a que muevan  todo aquello  que se ha convertido en nuestros cimientos. Jose Antonio Marina, en Anatomía del miedo, dice:  «Vivimos entre el recuerdo y la imaginación, entre fantasmas del pasado y fantasmas del futuro, reavivando peligros viejos e inventando amenazas nuevas, confundiendo realidad e irrealidad, es decir, hechos un lío.» Yo te invito a que localices y revises tus fantasmas,  y te propongo herramientas para que los vivas de otra manera, te propongo la Atención Plena, el aquí y el ahora, quién eres, cómo eres, dónde estás.

Me he centrado mucho en la experiencia de fe porque la pregunta que me hicieron fue por ahí; pero,  sea cual sea la tuya, sirve igualmente y los interrogantes no distarán mucho. Esto se trata de vivir desde tus creencias y valores en todos los niveles y dimensiones no sólo el religioso, a veces uno detecta que tiene revisar sus creencias y cómo las vive.  El creador de este sistema, lo utiliza como una forma de rebajar el estrés para sus pacientes; pero, es una forma de ayudar a caminar y no sólo un método de relajación más, es una actitud. Se trata de cultivar tu actitud ante lo que sucede, ante lo que vives.

¿Cuál es tu actitud? ¿Dudas?¿Quieres saber más?¿quieres practicarlo? Te resuelvo dudas, te oriento: te cuento mi experiencia y vemos cómo puede adaptarse a la tuya.

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Guillermo Ríos Becerra.