La atención plena es una actitud que ayuda a centrarse en el aquí y ahora,  que nos ayuda a hacer conscientes otras actitudes que normalmente son automáticas. Es una forma de situarse y actuar.

«Así pues, la atención plena no va a entrar en conflicto con ninguna creencia o tradición —ya sea religiosa o científica, por decir algo— ni va a intentar vendernos nada, y mucho menos un nuevo sistema de creencias o ideología. Es simplemente una forma práctica de estar más en contacto con la plenitud de nuestro ser por medio de un proceso sistemático de autoobservación, de autoindagación y de acción atenta. No hay nada de frío, analítico o insensible en ella. En general la práctica de la atención plena se caracteriza por la amabilidad y la capacidad de apreciar, así como por ser fuente de nutrición. De hecho, también se la podría llamar corazón pleno.»Jon-Kabat Zinn, Mindfulness en la vida cotidiana. [Creador del Sistema como regulación del estrés en el Instituto Tecnológico de Masachusets (MIT)]

La actitud se define como nuestra disposición psicológica hacia una persona, situación, hacia cualquier cosa ante la que tengamos que valorar positiva o negativamente, así como la intensidad de esa valoración,  para actuar en consecuencia. Muchas de nuestras actitudes se disparan de modo automático y pueden ser muy negativas por muchos motivos de los que a veces ni siquiera somos conscientes. En ese modo automático  tienen mucho que ver procesos psicológicos como la motivación, la atención, la emoción o el aprendizaje a lo largo de toda nuestra vida.

Lo que quiero decir es que el mindfulness no empieza y acaba en la meditación. La meditación es una herramienta que, básicamente, tiene como función centrarse, relajarse y en ese estado de calma poder integrar, sin juicios rápidos, lo que durante el día ha sucedido; pero, este método va más allá del momento de la meditación. La atención plena es una actitud vital.

Voy a poneros un ejemplo:

Llega la hora de comer y estás en tu trabajo, en la biblioteca o en casa con muchas prisas porque hay que continuar el día con rapidez. En ese instante comer es una simple necesidad, un trámite, y suena eso de “sólo tengo 15 minutos” o “sólo me he traído un bocadillo”. Ante todo esto, la tendencia suele ser comer rápido, lo que sabemos que trae sus consecuencias con digestiones pesadas, ayuda a elevar nuestro nivel de distrés (estrés malo), etc. ¿Te suena esto?

Y ¿ Qué tal si esos quince minutos los dedicas a disfrutar más conscientemente del bocadillo? Imagina que  tee sientas tranquilamente, en un lugar donde puedas comer con tranquilidad o acompañada, acompañado, si así te sienta mejor la comida. En ese lugar decretas “Voy a comer y disfrutar la comida, este momento es para mí”, sonríes y respiras hondo, ese momento ya es otra historia y no has empezado a comer, te va a llevar un minuto hacer esto; pero, cambia hasta la digestión. ¡Pruebalo!

En definitiva, hacemos que ese momento sea importante. Prestamos atención a  lo que hacemos. buscamos que sea edificante y aprendemos a valorar ese instante. Aprendemos a disfrutar la vida lo que  conlleva un proceso de cambio y cada persona tendrá el suyo. Hemos de desaprender y aprender, desprogramarnos, entrenar. No te preocupes, no hay prisa, tenemos toda la vida.

El objetivo es caminar para lograr una actitud que nos lleve a vivir con sentido, pasar del modo hacer al modo ser. Ser en nuestra vida cotidiana de forma más plena (consciente y dedicada),  desde el momento que nos despertamos hasta que nos acostamos más allá del cumplimiento de una lista de tareas, la rutina, el estrés…

Comenzar es sencillo, basta querer hacerlo. Te asesoro, te muestro, te acompaño en el cambio que quieres comenzar.

Muchas gracias a todos, dejad vuestros comentarios y compartid.

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