No tenemos claro qué implica en nuestro día a día eso que llamamos libertad. Creo que ni siquiera tenemos claro de qué hablamos cuando hablamos de esa libertad. Creo que estamos sumidos en una gran crisis de valores y de interioridad que nos lleva a confundir nuestras intuiciones con conceptos claros y formados con criterio, reflexión, estudio. En esta entrada  iremos trazando el Mapa de la Libertad en el viaje hacia la interioridad que os proponemos en Motivatecan para lograr ubicar en nuestra vida este término.

Introducción

La libertad puede observarse y definirse desde muchas maneras; pero,  la que más escucho, en las sesiones, es la que define  la libertad como un derecho que nadie  puede quitarnos. Se concreta ese derecho en que cada uno es dueño de su vida y, dentro de unos límites, cada uno puede hacer lo que quiera sin que nadie tenga nada que decir al respecto.

Antes de ofrecerte mi visión sobre la libertad me gustaría hacerte una pregunta que vaya acompañada de un largo silencio para que podamos “dialogar” mientras vas leyendo: ¿Qué es para ti la libertad? ¿Cuáles son sus límites?.

 

La libertad

La libertad es, ciertamente, un derecho (algo que la ley defiende y podemos exigir); de hecho, es un principio fundamental de un estado social demócrata; pero, ¿qué defiende esa construcción legal que llamamos derecho? Se suele concretar en un desarrollo legal de aquello que podemos hacer o decir  y que ningún otro ciudadano ni los poderes públicos pueden impedirnos. Un ejemplo claro es la libertad de expresión, soy libre (tengo la capacidad y la posibilidad de expresarme) sin que nadie me lo pueda impedir.

Reflexionando un poco vemos que la libertad es nuestra capacidad para elegir la manera en la que vamos a actuar. Siguiendo el ejemplo anterior, puedo expresarme. o no; pero, hay algo más.   El Diccionario de la Real Academia define la libertad de esta manera en su primera acepción: «Facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos.». Ese algo más es que tengo el derecho y también la responsabilidad que se deriva de ello.

Cuando afirmo que soy libre, afirmo que tengo la capacidad para elegir lo que hago o digo  y soy responsable de los efectos de lo que hago o digo. Elijo lo que hago y respondo por las consecuencias de mis acciones. Aquí podemos empezar a hablar de los límites pues cuando superas los límites impuestos es cuando se empiezan a ver las consecuencias de nuestras acciones.

Podemos hablar, grosso modo, de dos tipos de límites. Los legales (marcados por la legislación vigente)  y los morales (aquello que creemos que es bueno o malo esté legislado o no) que no siempre coinciden. Un ejemplo de coincidencia, un asesinato, todos creemos que está mal y está tipificado como un delito con consecuencias a nivel penal. En ese ejemplo vemos claramente que la legalidad y la moralidad coinciden. Un ejemplo diferente, no cuidarse en lo absoluto, es una decisión que alguien toma de no cuidar su higiene, ni su alimentación, ni su salud mental, ni sus amistades; no es ilegal, eres libre para cuidarte o no cuidarte; pero, ¿es bueno o malo para esa persona? ¿Qué consecuencias tiene?

Ante quién se es responsable es un dato importante porque siempre hay responsabilidad y consecuencias ante nuestro entorno, ante nosotros mismos (nuestra interioridad) y ante Dios porque como cristiano creo que nuestras acciones tienen siempre un componente de trascendencia.

Hacerse daño a sí mismo es vital que sea un límite del que seamos conscientes. Se logra buscando propósito,  conciencia (distinguir lo que es bueno y malo para mí en camino hacia ese propósito) y consciencia (vivir despierto en el aquí y el ahora) de forma que nuestra capacidad de elegir tenga unas bases claras que nos lleven a crecer.

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Aquello que nos estanca y que nos hace mal. Aquello de lo que somos “adictos”; pero, que hacemos porque somos libres, realmente nos está esclavizando. El apego a aquello que nos aleja nuestro propio crecimiento, de la armonía conmigo mismo; con los demás y, en mi caso, con Dios creo que no nos hace libres sino esclavos.

Vayamos un poco más allá

Eres una persona, tu dignidad, tu vida, tu bienestar son intocables… incluso para ti. Todo lo que vaya en detrimento de todo ello; por ejemplo, de tu salud, no te hará feliz por muy libre que te pienses o por mucho que creas que te guste que sea hacerlo. Será una forma de llegar vacíos, de compensar, de seguir en la comodidad, de seguir en la esclavitud; pero, no dejará de ser un yugo de esclavo al que disfraces de libertad aunque solamente te haga más y más daño. 

 

La libertad es nuestra capacidad para elegir voluntaria y responsablemente aquello que es verdaderamente bueno en nuestro proceso de crecimiento personal a nivel interior, a nivel social, a nivel trascendental… El límite empieza en nuestra propia salud psicofísica y social.

 

Para ser verdaderamente libre creo que es vital encontrar equilibrio, autodominio, criterios para discernir, reflexionar en nuestra toma de decisiones y sobre todo una actitud abierta de desarrollo contínuo que ayude a mirar más allá del ego y de lo fácil pudiendo revisarse sin sentirnos violentos y conscientes de que el cambio muchas veces es necesario.

 

La libertad no es hacer lo que quiera con mi vida. Somos libres cuando nuestra vida tiene propósito y somos capaces de tomar decisiones coherentes con nuestro propósito y vivirlo saludablemente en todas nuestras dimensiones.

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Guillermo Ríos Becerra.

Definición de la RAE